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 Experiencias durante la Transición Democrática

3er. Premio
Héroes anónimos
Juan Pedro Rodríguez Hernández Enviar mensaje

HÉROES ANÓNIMOS

Madrid, parque del Retiro, 18:00 horas. 15 de abril de 1939.

-Sargento, toda carga es poca, distribúyela bien en la base, que salte por los aires, que no quede nada, que se le borre del mapa y nadie se acuerde de él.
-Mi señor, yo hubiese preferido dinamitar a este personaje y no a su estatua.

Todos ríen este último comentario. Se alejan y una fuerte explosión esparce en mil pedazos el monumento a Pablo Iglesias. La labor de un escultor arruinada en unos segundos, y lo que fuera homenaje a un luchador infatigable hecho añicos.
Se acerca de nuevo el grupo de militares:

-Ya está hecho, esta nueva España pronto olvidará.
-Camaradas, ¡arriba España! ¡viva Franco!


Madrid, parque del Retiro, 23:00 horas. 15 de abril de 1939.

-No hagas tanto ruido que nos van a descubrir.
-¡Dios mío! ¡Cómo ha quedado la estatua! No se podrá recuperar…
-No seas pesimista y mira el busto: se puede arreglar.
-¡Calla! Se oyen pasos, apresúrate.

Entre los dos cogen el pesado busto y se alejan entre los árboles, excavan un hueco en el suelo y lo entierran.

-Recuerdo hace tres años cuando se inauguró la estatua… Todo era bullicio y un coro de jóvenes cantaba la Internacional. Hoy solo nos queda la memoria y el amparo de la noche.
-Bajo el manto de estrellas de Madrid esconderemos este busto con la esperanza de que las futuras generaciones lo encuentren.
-Apunta bien en ese plano dónde lo enterramos. Mañana salgo para Francia y lo llevaré bien escondido.

En aquella noche madrileña los dos militantes socialistas arriesgaron su vida. No hacía frío, pero sentían escalofríos por todo el cuerpo, mezcla del miedo y de la rabia.


Madrid, despacho de Alfonso Guerra, 9:00 horas. 1 de febrero de 1979.

-Alfonso, están aquí las hijas del compañero Gabriel Pradal, que dicen que tienen una cosa que te puede interesar. Insisten en hablar directamente contigo.
- Son las señoras que me dijo Máximo que me visitarían. No tengo mucho tiempo, pero hazlas pasar.

Las dos mujeres entran en el despacho de Alfonso Guerra, que se queda sentado frente a su mesa cubierta de libros.

-Don Alfonso, le traemos un documento que a nuestro padre le hubiese gustado entregarle.

Alfonso da una profunda calada a su cigarro mientras abre el sobre que le han entregado. Es un plano con muchas indicaciones ante el cual se queda pensativo.

-¿Qué es? No lo entiendo.
-Don Alfonso, con ese plano podrá encontrar los restos del monumento a don Pablo Iglesias
-No puede ser, el monumento se perdió cuando los nacionales tomaron Madrid. Creo que fue dinamitado.
-Así es, pero dos afiliados enterraron el busto y en ese plano pusieron las indicaciones para encontrarlo. Se lo entregaron a nuestro padre que ansiaba poder encontrar el momento y la persona de confianza que se pudiese hacer cargo de tan delicado asunto. Este es el momento y confiamos en que usted es la persona adecuada para recibir el plano.

-Han hecho un gran servicio para el partido y han cumplido con la responsabilidad que les confió su padre. Ahora me toca a mí estar a la altura de las circunstancias. Muchas gracias por todo.

Un jovencísimo Alfonso Guerra se despide de las dos mujeres y observa de nuevo el plano. Acto seguido abre el cajón donde lo introduce con sumo cuidado y descuelga el teléfono.


Madrid, parque del Retiro. 7 febrero de 1979.

-Alfonso, bien podríamos haber llamado a la prensa.
-¿Y si no lo encontrásemos? Menudo ridículo haríamos.
-Bueno, céntrate en el plano. Estos dos árboles podrían ser esos dos puntos.
-Yo no lo veo tan claro, pero vamos a intentarlo.
-Venga, desentierro aquí.

La pala pronto choca con algo duro, y en ese momento todo el grupo, entre nervioso y contento, empieza a desenterrar cuidadosamente con las manos. Es algo blanco. Pronto dejan al descubierto el busto de don Pablo.

-Compañeros, lo hemos logrado.

Puño en alto, el grupo comienza a entonar La Internacional. Cuarenta años antes dos compañeros habían arriesgado sus vidas para que en aquella mañana de febrero de 1979 Alfonso Guerra, acompañado de un pequeño grupo de compañeros, diese un paso a favor de la libertad recordando al pueblo de Madrid que en el Retiro hubo una estatua al padre del socialismo y sindicalismo español. Una estatua que fue abatida por la cobardía y la intransigencia, pero que la heroicidad y la determinación recuperaron para la naciente democracia que se configuraba en esos momentos de plena Transición.


En 1939, recién entradas las tropas nacionales en la capital de España, destruyen el monumento a Pablo Iglesias ubicado en El Retiro y realizado por el escultor socialista Emiliano Barral. Aquella noche, dos militantes socialistas, arriesgando sus vidas, esconden lo poco que queda del monumento y trazan un plano esperando mejores tiempos para que sean encontrados los restos. Dicho plano es escondido por la familia de Gabriel Pradal en Francia. En 1979 es entregado a Alfonso Guerra y el busto es encontrado. Dicho busto se encuentra hoy en Ferraz, en la sede del PSOE.

 


Comentarios
Comentarios del 1 al 4 de 4
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Lunes, 30 de Noviembre de 2009
Grande la reseña final dando verosimilidad a la historia, que viniendo de quien viene casi juraría que la tiene.
Daniel Ortiz Albaladejo
 
Miércoles, 09 de Diciembre de 2009
Muy bonito el relato. Me he imaginado las escenas, y me he emocionado. Genial.
ENOS TOMAS PASTRANA DELGADO
 
Sábado, 12 de Diciembre de 2009
Estupendo tu relato. Me ha gustado mucho
Juan Lucas Montilla Roldán
 
Lunes, 28 de Diciembre de 2009
Un gran relato. Muy interesante , emotivo y con mucha fuerza , para una historia muy original, sobre la que escribir. Me ha encantado.
Sonia Avilés Herradón
 

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