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 Experiencias en Democracia desde el año 2000 hasta hoy

1er. Premio
Soy un socialista vasco...
Manuel Martínez Rodríguez Enviar mensaje

“Soy un socialista vasco…”

Y allí estaba yo. Un manchego en Euskadi.
Escuchando unas palabras que entraban directamente a mi alma, a mis sentimientos.
En aquel pabellón, rodeado de tantos socialistas como La Casilla era capaz de albergar esa noche, había miles de personas, pero hasta el último centímetro de mi cuerpo estaba centrado en las palabras de una de ellas.
En ese momento, todo mi esfuerzo empezaba a tener recompensa. Sin duda estaba en el lugar y en el momento en el que debía estar. Llevaba nueve días en una tierra ajena, lejos de la mancha, rodeado de auténticos desconocidos que empezaban a ser mi familia. Nueve días pateándome cada rincón de Euskadi con un mensaje claro; el cambio tocaba a las puertas de mi nueva tierra vasca. Nueve días viendo la ilusión en la cara de una gente muy curtida en derrotas, y de esas que imprimen carácter. En definitiva, nueve días que me hicieron sentir un socialista vasco.
Todo eso cobró sentido en el momento en el Patxi López comenzó a hablar:

“Estoy orgulloso de todos vosotros y de todas vosotras, estoy orgulloso de los socialistas vascos que una vez más hemos dado un gran ejemplo de cómo se tienen que hacer las cosas. Ni un insulto, ni una descalificación, solo ideas, valores, principios, ilusiones, esperanzas y sueños. Hemos demostrado como queremos construir este Pais, sin enfrentamientos ni conflicto. Hemos demostrado que somos el único partido que puede sumar ideas…”

Lo que comenzó como un mitin más que pasaría sin pena ni gloria en mi vida, se tornó en una experiencia que hace que mi cuerpo vuelva a estremecerse cada vez que mi mente lo recuerda y que vuelva a sentirme profundamente orgulloso de pertenecer al Partido Socialista Obrero Español.
Patxi se paseaba majestuosamente por sus palabras. Su discurso era poesía y tenía a miles de personas aflorando lo mejor de ellas mismas.

“Soy un Socialista Vasco, llevo en mi ADN las minas de La Arboleda donde nacimos para luchar contra la explotación, llevo las grandes fábricas de la margen izquierda donde trabajadores de todas las tierras de España vinieron a hacer grande este País, llevo el vasquismo de mis compañeros guipuzcoanos, la solidaridad de los alaveses, llevo en mis entrañas al Partido Socialista de Euskadi, al Partido Socialista Popular, al Partido de los Trabajadores y a Euskadico Esquerra. Soy heredero…de Ramón Rubial…”


Miles de corazones socialistas estaban ya pletóricos, cuando Patxi pronunció las últimas frases de su discurso. Esas palabras fueron un broche de oro a la campaña, que comenzó más de cuarenta años atrás.

“…sé que eres la persona que quieres cambiar las cosas, la que quieres hacer historia, la que no te resignas, la que sueñas igual que yo.
Por eso os digo que ha llegado la hora. Ponte en pie, levanta la voz, llena las urnas de la primavera de las rosas, llena las urnas de ilusiones y de atrevimientos, llénalas de alas para volar, llénalas de corazones para sentir, sí, llénalas de pasiones y de arrebatos. Llena las urnas de papeletas para el cambio, de papeletas para el Partido Socialista. Para hacer de Euskadi la tierra de todos, la tierra de la paz y de la libertad, la tierra de la convivencia.
Esta vez sí. Hazlo por ti. Porque te lo mereces. Haz que suceda. Porque nos lo merecemos. Ya hemos sufrido demasiado, ahora toca ser LIBRES y vivir con dignidad”

Mientras Patxi iba leyendo su final, iba subiendo de tono. Desde la tercera frase el pabellón entero rompió en aplausos. Miles de personas aplaudiendo con todas nuestras fuerzas a un candidato con que el que nos sentíamos plenamente identificados y orgullosos de ser sus compañeros.
Pese al ruido ensordecedor, la fuerza con la que Patxi hablaba superaba nuestros gritos y aplausos y se le oía nítidamente. Con cada palabra suya nuestra ilusión crecía y nuestra emoción se desbordaba.
Cuando él terminó, los ojos se me empaparon de lágrimas. El cambio histórico estaba allí y yo era testigo. La historia vasca se estaba escribiendo conmigo de espectador. Cientos de miles de vascos y vascas estaban sintiendo como “la primavera de la rosa” llegaba a Euskadi para hacer más libre y digna su vida diaria.
En mi mente, cada una de las personas que conocí en esos, mis días vascos; cada metro de tierra que pisé con el mensaje socialista y cada segundo de mi corta vida que había dedicado a mis ideas, a mis principios. A mi partido.
Y yo, un socialista manchego, a casi setecientos kilómetros de mi casa, lloraba con todas mis fuerzas.

 


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