

Experiencias en Democracia desde el año 2000 hasta hoy
4º Premio
ESPEJOS ROTOS
ESPEJOS ROTOS Carabanchel, Madrid. Febrero de 2010. El padre de mi abuelo Teodoro tenía un molino y deudores y fue asesinado. Pasó tres días escondido en una alcantarilla esquivando su mal destino. El padre de mi abuela Julia tenía una tienda de ultramarinos en el pueblo, Madrid Pequeño, era Juez de Paz, conocía caminos de palabras para ahuyentar al odio y su fiebre. Estuvo en la lista negra de los nacionales porque ayudaba demasiado a los rojos. Teodoro se agarró fuerte al amor por Julia, que era pura bondad y me enseñó la palabra templanza. Con el burro cargado de harina, desde Las Navas a Parla, conoció caminos sin cemento, escarcha, largas jornadas. Del trabajo hizo senda, una senda para olvidar el dolor. Yo tenía veintipocos años. Me atreví a decirle a Vicente: Él y sus hermanos volvían de la devastadora guerra para habitar un devastador silencio. Tuvo que borrar sus huellas, despojarse de su uniforme y levantar un muro de hielo. Queda Petra, en el laberinto, a veces intransitable, de su presente aferrado a un vaivén de recuerdos. Mi infancia la bordaron Pegasos con kilómetros de asfalto, la caligrafía de los caminos sobre la tierra, un desván, un buró, una máquina de escribir. Aprendí de la transición del dinero: algunos acusan de no ser rojos y no reconocen su sangre, otros del derecho hacen delito, hay muchos trabajadores sin revolución ni sindicato que votarán al delito. En 2009 tuve que declararme trabajadora con convenio, con pasado, presente y futuro. El diez de mayo, miles de manos tendidas en red sostuvieron un encuentro. Decidí militar en el PSOE con todas mis contradicciones. Una generación de silencio, una generación de olvido, eso-no-va-conmigo y de-eso-no-se-habla, un compromiso: Eva Méndez Herranz |
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