| Portada | El concurso | Relatos | Bases | Jurado | Calendario | Premiados |

tu historia es nuestra historiaLeer relatos

 Experiencias en Democracia desde el año 2000 hasta hoy

4º Premio
ESPEJOS ROTOS
Eva Méndez Herranz Enviar mensaje

ESPEJOS ROTOS

Carabanchel, Madrid. Febrero de 2010.
Nacimos en el tiempo de los espejos rotos, el futuro se fraguaba en manos cambiadas. Heredamos la posguerra por parte de los abuelos, la transición por parte de padres y la historia, por nacer.

El padre de mi abuelo Teodoro tenía un molino y deudores y fue asesinado. Pasó tres días escondido en una alcantarilla esquivando su mal destino.

El padre de mi abuela Julia tenía una tienda de ultramarinos en el pueblo, Madrid Pequeño, era Juez de Paz, conocía caminos de palabras para ahuyentar al odio y su fiebre. Estuvo en la lista negra de los nacionales porque ayudaba demasiado a los rojos.

Teodoro se agarró fuerte al amor por Julia, que era pura bondad y me enseñó la palabra templanza.
No sé qué le diría Luis cuando regresó de su escondite, pero truncó su violencia: cambió la ley del Talión por la ley de la Palabra.

Con el burro cargado de harina, desde Las Navas a Parla, conoció caminos sin cemento, escarcha, largas jornadas. Del trabajo hizo senda, una senda para olvidar el dolor.
Terminó sus días en Getafe; amé su gesto de viejo, en el Alcampo, sisando langostinos.

Yo tenía veintipocos años. Me atreví a decirle a Vicente:
- Abuelo, ¿puedo preguntarte algo? –me dijo que sí-.
Él hablaba más bien poco, era una firme y seria presencia.
- ¿Llevabas arma en la guerra?
Asintió. Se hizo un silencio.
- ¿Tuviste que matar a alguien?
- Pues claro, hija.
Sus hermosos ojos, de mar y musgo, miraron al suelo. Me sentí un poco mal pero perseveré en esa libertad que acababa de abrirse entre nosotros:
- ¿Y qué hiciste con el arma?
- ... volvíamos de Valencia, en tren y las tiramos por el camino.

Él y sus hermanos volvían de la devastadora guerra para habitar un devastador silencio. Tuvo que borrar sus huellas, despojarse de su uniforme y levantar un muro de hielo.

Queda Petra, en el laberinto, a veces intransitable, de su presente aferrado a un vaivén de recuerdos.
La historia es un nudo ciego entre lo que vive y lo condenado al olvido.

Mi infancia la bordaron Pegasos con kilómetros de asfalto, la caligrafía de los caminos sobre la tierra, un desván, un buró, una máquina de escribir.
Seguía habiendo bandos después de la guerra: mi cumpleaños se celebraba por partida doble y había muchas preguntas cuya respuesta era el silencio.

Aprendí de la transición del dinero: algunos acusan de no ser rojos y no reconocen su sangre, otros del derecho hacen delito, hay muchos trabajadores sin revolución ni sindicato que votarán al delito.

En 2009 tuve que declararme trabajadora con convenio, con pasado, presente y futuro. El diez de mayo, miles de manos tendidas en red sostuvieron un encuentro. Decidí militar en el PSOE con todas mis contradicciones.

Una generación de silencio, una generación de olvido, eso-no-va-conmigo y de-eso-no-se-habla, un compromiso:
No sé lo que hay que olvidar, pero olvido y sé que hay cosas que necesito nombrar para habitar la historia que heredé al hablar y vivo.

Eva Méndez Herranz
14.02.10

 


Comentarios
Comentarios del 1 al 1 de 1
|

Lunes, 15 de Febrero de 2010
Me ha gustado mucho la historia y está muy escrito
Juan Pedro Rodríguez Hernández
 

© 2009 - Fundación Jaime Vera, PSOE | www.fundacionjaimevera.org | www.psoe.es |