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 Experiencias en Democracia hasta el año 2000

4º Premio
Corazón Socialista
Pilar Lapetra Coderque Enviar mensaje

El día ha amanecido suave y fresco. Aún puede apretar el sol cuando avance el día pues así es esta tierra. Estamos acabando octubre y el frío a Sevilla llega más tarde. Hoy es un día especial, muy, muy especial. Hoy no es un día cualquiera, hoy es “el día”. Esta noche mi sueño ha sido leve y luminoso, he estado inquieta. Estoy estudiando, pronto tendré exámenes. Es jueves 28 de octubre de 1982 y estamos viviendo las terceras jornadas de elecciones generales tras la instauración de nuestra joven Democracia. Me he ido a pasear entre los puentes del río, desde el histórico puente de Isabel II, el de Triana, como aquí lo conocemos, hasta el puente nuevo, que así llamamos al que está a la altura del Costurero de la Reina en el Parque de María Luisa. Entre puentes, siguiendo el curso del río en su dársena.

Un Guadalquivir sugerente, misterioso y tranquilo se remansa a la altura de la Torre del Oro. El Palacio de San Telmo nos mira desde sus oscurecidas piedras del tiempo. Las figuras, desde su altura, enigmáticas, sonríen imperceptibles a los avatares de los nuevos habitantes, impertérritas, erguidas y pétreas.

El Parque de María Luisa rezuma sus humedades otoñales, aún retiene y despide aromas florales. Muchos árboles están frondosos todavía, conservan las hojas los que son caducos y se respira esplendor y vida. ¿O soy yo quién percibe con una especial sensibilidad en este día?. No sé qué me pasa con el Parque, siempre me produce una profunda melancolía, me recuerda lo efímero del tiempo, nuestro breve transitar por la tierra... pero hoy lo siento distinto.

Por edad éstas son mis segundas elecciones generales, pudiendo votar y siendo partícipe de ellas. Hoy es un día especial, sí, especial para España y especial para millones de españoles que, como yo, aspiran profundamente a vivir un cambio de rumbo político y nacional. Hoy seguimos ejerciendo nuestros derechos de ciudadanía, hoy ¡voto!, ¡votamos!.

Voy paseando, lentamente, y me estremezco en estos pensamientos. Participo anónimamente en la Historia. Mi voto contribuirá a la constitución de un nuevo gobierno...¡es emotivo, casi mágico!. Realmente soy afortunada. Paseo sola, libre, la vida me ha brindado oportunidades, estudios y familia, y ahora, en este día feliz de este año dichoso, volveré a cumplir con mis obligaciones ciudadanas, ejerceré mi derecho al voto y votaré en el Colegio Electoral en el que estoy censada.

Casi no me doy cuenta de los minutos que transcurren, ya me estoy acercando a mi meta, voy sola porque este momento es para mí, para disfrutarlo, respirarlo y sentirlo en toda su plenitud.

Hemos vivido dos legislaturas anteriores muy convulsas, iniciando un nuevo sistema y teniendo que cambiarlo prácticamente todo. No hemos llegado al fin de las mismas en ninguna de las dos ocasiones. Han visto expirar sus tiempos prematuramente. El 30 de agosto pasado el BOE publicó la disolución de las Cortes Generales con lo que quedaba marcado el plazo para unas nuevas elecciones.

Mi pensamiento me lleva al trágico día del año pasado en febrero, aquella fatídica “noche de los transistores”, cuando el intento de golpe de estado nos causó un intenso y profundo temblor ciudadano, sentimos el suelo democrático crujir bajo nuestros pies políticos. Afortunadamente el Rey se mantuvo firme en sus convicciones democráticas, su negativa a apoyar el golpe permitió una resolución satisfactoria del conflicto y nuestra Democracia no fue ejecutada con aquel fallido intento. Pero lo sufrimos, y aún está muy cerca, recordándonos que nuestros tiempos son vulnerables, que queda mucho camino democrático por andar...

“Por el cambio”, rosa en mano y cabeza erguida, hemos seguido una Campaña Electoral intensa donde las haya, emotiva, movilizadora. Y en Sevilla, ¿qué decir?. Alfonso y Felipe nos regalan con sus mejores años, sus encendidos discursos y con sus energías dispuestas a asumir nuevos retos en el camino de España hacia un futuro esperanzador. ¡Son fantásticos sus mítines!. Creo que los recordaré mientras viva.

En esta España inquieta, renovada y hermosa me ha tocado vivir mi juventud. Asisto, encantada, a unos acontecimientos internacionales de pactos y alianzas nunca vistos. La ONU es un impresionante ejemplo de ello. Y más próxima, la Comunidad Económica Europea es un camino económico y político impensable hace pocos años. Y diría yo que poético, desde una perspectiva social.

Y así, sumida en estos pensamientos de nuestra historia reciente me encamino a mi Colegio Electoral. Llevo mi identificación para no tener problemas y ya me aseguré de que aparezco en el Censo Electoral. Entrar en el edificio y sentir el bullicio de otras personas, ciudadanos de España, igual que yo, cogiendo sus papeletas, esperando su turno y depositándolas en las urnas al tiempo que se oye un “vota” del Presidente de la Mesa, es sencillamente emocionante.

Los Colegios Electorales son como Templos Sacralizados de la Democracia. Una acción laica cien por cien casi se convierte en ritual religioso, nuestro dios aquí es la Comunidad Social, diríase la diosa “Societas”. Así lo entendemos muchas personas. Juntas construimos la más bonita historia de bienestar común humano, la canción colectiva del futuro...

Y después de este voto, me marcho y transcurre mi día celebrando una festividad política. Me reúno con amigas, compañeros, familia. Todos tenemos un mismo tema de conversación. ¿Qué va a pasar?.

Llegan las ocho y los Colegios cierran. Empieza el escrutinio de los votos. En casa, todos los españoles, seguimos la evolución del recuento.

La magia del tiempo se encarnó en este instante de la Historia, los frutos de una larga cosecha de acciones y esfuerzos, de dramas y alegrías han hecho su aparición en ésta, nuestra nueva España. ¡Victoria! 10.127.392 personas latiendo a un pulso en un único, radiante y rojo Corazón Socialista.

 


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