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 Experiencias durante la Transición Democrática

2º Premio
Las Coplas de la Libertad
Jose Gabriel Gonzalez Gonzalez Enviar mensaje

Las Coplas de la Libertad

Siempre he pensado que la música es una buena compañía para todas las situaciones de la vida. Ya desde la infancia procuré no separarme de ella, prestando total dedicación a las nanas de mi madre, a las cantinelas de la escuela, a las canciones de las mujeres que cosían en casa, a los cánticos parroquiales y a las coplas populares.

Desde la adolescencia intenté imitar con la voz, manos y cuerpo las canciones de moda que llegaban a Vitoria durante los años 60. La imposibilidad de nuestra unión permanente me obligó a desarrollar habilidades musicales y acabé inventándola, es decir, componiendo y ya nunca me separé de ella. Después el trabajo, el compromiso político y el conocimiento del folklore ampliaron mis gustos melódicos y mis necesidades humanas.

Pasé de poner discos en guateques de cuadrilla, de hacer coros en misas “modernas” en Los Ángeles y de competir en festivales ye-yés de la discoteca La Kokett, a actuar en el Grupo de Teatro La Farándula, a participar con 7 cantos en castellano en la noche del Festival de Mairulegorreta en las cuevas del Gorbea y a simular recitales en vez de reuniones socialistas clandestinas con Nico y Txiki en el reservado de un bar de Portugalete.

El cambio hizo que investigara letrillas sabias del XIX ante el cercano final del Dictador como “¡En Cádiz nació una niña,/ que Libertad se llamó,/ Cartagena le dio vida,/ Málaga la bautizó!”; o la tradicional “¡Cuando querrá el Dios del cielo,/ que la tortilla se vuelva;/ que los pobres coman pan/ y los ricos mierda, mierda!”; o la rompedora “¡Arriba los pobres del mundo,/ en pie los esclavos sin pan!/ ¡Alcémonos todos al grito:/ Viva la Internacional!”.

Con impaciencia juvenil me presenté como cantautor en 1972 con una selección de poetas musicados y con la Biografía musical de Miguel Hernández. Los resultados me empujaron a Madrid dónde descubrí coplillas colectivas que devolvían la voz a los que no la tenían “¡Mientras que en España mande,/ el capital con el clero,/ no llevaremos camisa,/ los hijos de los obreros!”; o la marcha juvenil de Tomás Meabe “¡Hijos del socialismo,/ somos la fuerza del porvenir,/ frente al capitalismo,/ debemos vencer o morir!”.

Allí escuché el canto obrero español más difundido por el mundo, creado por el fundador del PSOE de Alicante Rafael Carratalá Ramos en 1885 para destinatarios anarquistas. Fue ganador del II Certamen Socialista de 1889 organizado por el Centro de los Amigos de Reus de la I Internacional “¡Hijos del pueblo, te oprimen cadenas/ y esa injusticia no puede seguir;/ si tu existencia es un mundo de penas,/ antes que esclavo prefiero morir!”.

En la capital llamé a puertas, recorrí despachos, visité a los que me podían ayudar, pero quién me abrió de par en par sus oídos fueron los vecinos madrileños en las asociaciones y parroquias, los estudiantes en las universidades y hasta los del Club Siglo XXI. Por eso continué musicalizando versos con emoción, solidaridad y humor para recitales como la trilogía de Cancioneros que hice durante el 74, el de Lucha y Esperanza (sobre la Guerra Civil); en el 75, el del Exilio; y en el 76, el de la Resistencia.

Con ellos recuperé coplas silenciadas que dignifican a los luchadores republicanos. Como la jota guerrera “¡La monarquía y el clero,/ el pueblo los despachó,/ y para vivir a su gusto,/ la República implantó!”; o el quejío de los transterrados “¡Adiós padre, adiós madre,/ adiós patria si la tengo,/ me voy a tierras lejanas/ y nunca sabré si vuelvo!”; o el resistente susurro del interior “¡Cuando estaba Azaña/ había pan en España,/ cuando estaba Negrín/ había billetes de a mil / y ahora que está Franco,/ ni papel en los estancos!; y el poderoso grito carcelario “Si alguien te dice: ¡Alto quién vive!/ Responde fuerte y en alta voz:/ ¡Somos las presas del 39./ Viva la madre que nos parió!”.

Llegó la fecha esperada y temida, la muerte del Caudillo, en noviembre de 1975 y las tonadillas proscritas comenzaron a invadir las calles elevando poco a poco su volumen “¡Si los Reyes de España supieran,/ lo poco que van a durar,/ a la calle saldrían gritando:/ Libertad, libertad, libertad!”; unas sobre sueños posibles “¡Republicana es la luna,/ republicano es el sol,/ republicana es la tierra,/ republicano soy yo!”//; y otras sobre declaración de orígenes ¡En el año treinta y seis,/ muchas vidas nos quitaron;/ pero aquí estamos nosotros/ la semilla que dejaron!.

Un día, después de un concierto, Manuel Garnacho (q.p.d.), me invitó a conocer a Paco Ibáñez y en un 600 abarrotado por la familia Hierro hice el inevitable viaje a París donde rescaté los himnos que despertaron el hambre de igualdad en los siervos “¡Los mozos, cuando es de noche,/ gozamos que es un portento;/ cantamos La Marsellesa,/ después del Himno de Riego!”; y aventuras como la que sigue.

La víspera de 1900, mientras Don Inda (el Prieto) se cortaba el pelo, su barbero Laiseca, el calderero Basterra y Ortiz el director del periódico La Lucha de Clases crearon una letra con música de La Marsellesa. Para recibir al siglo XX, organizaron una fiesta y recorrieron las calles de Bilbao unas 300 personas con antorchas encendidas entonando “¡Con efusión al nuevo siglo,/ debemos todos saludar,/ pues con él viene el triunfo seguro / de la santa y hermosa igualdad!// ¡El reinado de la burguesía,/ vacilante y ruinoso se ve;/ las cadenas de los oprimidos,/ prontamente se habrán de romper!// ¡Arriba proletarios,/ que es vuestro el porvenir!/ ¡Sigamos adelante, sigamos pues,/ que el triunfo vendrá al fin!”.

Del recital “Las cuatro lenguas de España”, con textos musicados de Cervantes, Aresti, Espriú, Ferrín, Celaya, etc., admiré los cantares nativos en lenguas maternas y sus culturas despreciadas por los franquistas. En eusquera el “Gernikako arbola da bedeinkatua, / euskaldunen artean guztiz maitatua.-¡El árbol de Guernica es bendito, / amado por todos los vascos!”; en catalán el “¡Catalunya triomfant, / tornarà a ser rica i plena! / Endarrera aquesta gent / tan ufana i tan superba!”//; en gallego el “Os tempos son cegados/ dos bardos das edades/ que as vosas vaguedades/ cumprido fin terán;/ pois donde quer, xigante / a nosa voz pregoa / a redenzón da boa/ nazón de Breogán!”.

En 1976 aprendí las coplas que nos ponían en pie. Fue en el multitudinario “Festival de los Pueblos Ibéricos” de la Universidad Autónoma de Madrid dónde canté “¡Ni se compra, ni se vende,/ el trabajo del obrero! No hay en el mundo dinero para comprar a un obrero! ¡Ni se compra, ni se vende,/ el trabajo del obrero!”; y el estribillo siempre coreado “¡Te dirán hombre de España,/ te dijeron tiempo ha,/ te lo están diciendo ahora/ y por siempre te dirán!”. En la abarrotada Fiesta de la Libertad del PSOE se tarareó “¡Decían los liberales, que no había socialistas y ahora resulta que salen, más que de una fragua chispas!”

Presencié la caída del sindicato “vertical” de músicos y la vuelta de los sindicatos libres y repasé cuartetas vetadas y esenciales “¡Haya Unión, que es la fuerza,/ no os vendáis por el mendrugo,/ que el patrono sólo es,/ de los braceros el verdugo!”; sobre su presión “¡Por nuestra Unión y en su nombre,/ pido como socialista:/ Que se reparta a los pobres/ los bienes que necesitan!”; y sobre su actuación “¡A fijarse en esta Casa,/ que el obrero hemos hecho;/ pa´que veáis el capital,/ lo que es la Unión de este Pueblo!”.

En las Elecciones de 1977 reviví estrofas inolvidables. De 1931 “¡Los ricos y los marqueses/ y los que tienen millones,/ no se acuerdan de los pobres,/ más que cuando hay elecciones!”; de los años 30 cuando los Orfeones Socialistas de Madrid y Eibar para difundir su estrategia frente a la anarquista coreaban “¡A la urna, compañeros,/ que nuestra gloria en votar está/ y la leal candidatura/ con nuestro empeño triunfará!// ¡A votar, pues camaradas/ nuestro papel; vámonos ya/ y al grito de el socialismo/ seguro triunfará!// ¡Vamos a votar, vamos a votar/ nuestro derecho y bienestar!”//; de 1936 en un retrato fiel de los barrios “¡La cursi enamorada,/ Pollita-Pera,/ votará por el lindo/ Primo Rivera!// ¡Votarán por la CEDA,/ con mano blanca,/ las damitas del barrio/ de Salamanca!// ¡Mientras por Don Francisco/ y otros señores,/ votarán los obreros/ de Embajadores!”.

Por fin en 1978 conseguimos una Constitución democrática y evoqué los cantos que nos ayudaron a ser libres. Primero el de 1812 “¡Por gritar: Viva la Pepa,/ me metieron en la cárcel/ y ahora que ya estoy afuera:/ Viva la Pepa y su madre!”; luego el del proyecto de 1873 “¡Una gayina cantaba:/ República Federá!/ ¡Y vino un gayo carlino,/ y le dio tres puñalás!”; y en 1931 con la jota dedicada a Julia Álvarez, primera parlamentaria socialista de Navarra “¡Soy hijo de Monteagudo/ y he venido a saludar/ a la compañera Julia/ y a nuestra Unión General!”.

Entusiastas como Pilar Miró, Adolfo Marsillach, Julio Matito (Smash) y otros, intentaron un Frente de Trabajadores de la Cultura. La jota los rememora “¡Soy del Casino los pobres/ y tengo el temple de acero,/ el corazón socialista/ y garganta de jotero!”; y las seguidillas decanas les contestan “¡Este año la aceituna por la bolsa,/ por la bolsa no llegaremos a enero,/ por la bolsa a los obreros nos engañan!/ ¡Viva Azaña y Largo Caballero!”.

La noche del golpe de Tejero y Cía. de 1982 quedó marcada por coplas con solera de muchos grados “¡Más vale un hombre del campo,/ con barro en las alpargatas,/ que todos los militares,/ con charreteras de plata!”; otra imborrable fue “¡Aunque el franquismo se lave,/ con lejía, lluvia y sol,/ no se ha de limpiar la sangre,/ que en España derramó!”; y no faltó la versión actual del “Dónde vas Alfonso XIII,/ ¿Dónde vas, triste de ti?/ -¡Voy en busca del expreso,/ porque me echan de Madrid!”

Poco después la ciudadanía dio al PSOE la responsabilidad de gobernar España durante 14 años. En situación parecida y no igual, las tonadas decían años antes “¡La vara de la Justicia,/ la tiene quien la merece;/ la tienen los socialistas/ y la tendrán para siempre!”; y las estudiantinas carnavaleras aun añoran aquella gestión “¡Cuando Almendros fue a Madrid/ los señoritos ¡Ay que guasa!/ dicen que ha ido,/ “pa” hablar con Azaña,/ lo recibieron muy bien!// ¡Estuvo hablando con Azaña/ y el Ministro de Trabajo,/ que era Largo Caballero,/ le arregló lo que quería,/ y después se vino al pueblo!”.

Hoy en este siglo XXI nos queda mucho por cantar, en especial, las baladas solidarias. Algunos de nuestros bisabuelos laicos ya exigieron la separación entre Iglesia y Estado “¡Ya tenemos en mi pueblo,/ (el) primer “bautizao” civil!/ ¡De nombre le han puesto Ejemplo,/ p´a que sea ejemplo a seguir!”; criticaron los privilegios de los católicos “¡Las iglesias son comercios/ y los curas comerciantes/ y al repique de campana, acuden los ignorantes!”; y se alegraban de su situación “¡Mi pueblo no tiene iglesia,/ ni campana, ni reloj,/ ni cura, ni sacristán,/ ni madre que lo parió!”.

Otras bisabuelas defendieron la independencia de la mujer “¿Cómo quieres que te quiera,/ si siempre m´estás pegando,/ como si mi cuerpo fuera,/ de piedresiya de mármo!”; la igualdad “¡Para que hombre y mujer,/ vivan como quiere Dios,/ no debe mandar ninguno/ y han de obedecer los dos!”; y hasta la paridad “¡Juntos segamos el campo,/ juntos “hacemos” la cama./ Tanto montan, montan tanto,/ los dos amos (reyes) de esta casa!”

Por eso ahora reivindicamos la felicidad con la voz y el ritmo de melodías legendarias “¡Si en el sexto no hay perdón,/ ni en el noveno rebaja,/ ya puede nuestro Señor,/ llenar el cielo de paja!”; en el placer duradero “¡Tiene mala solución,/ el asunto la “jodienda”,/ ni ayer se remedió,/ ni hoy le ponemos enmienda!”; y en el genuino amor “¡Todo lo cría la tierra,/ todo se lo come el sol,/ todo lo puede el dinero,/ todo lo vence el amor!”

Agradecimientos a los que guardan en su memoria Coplas de la Libertad y las comparten:
“¡Y ahora nos despedimos,
en nombre de nuestra Unión,
con un “Viva el socialismo”
que es honra de la nación!”.

José Gabriel González González

 


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