

Experiencias durante la Guerra Civil Española
3er. Premio
Vivencias de una adolescente durante la Guerra Civil en Madrid
Vivencias de una adolescente durante la Guerra Civil en Madrid Nunca hubiera podido imaginar que a estas alturas de mi vida, con 90 años, pudiera plasmar por escrito mis vivencias en la guerra civil, guerra, que tanto dolor trajo a todos los españoles. Gracias a mi nieta, que tantas veces y con tanto interés ha querido que le contase mis recuerdos de esa época y gracias a este certamen que realiza mi partido para que nuestras ideas y nuestro pasado no caigan en el olvido, ahora puedo hacerlo por escrito. Si cierro los ojos puedo ver y sentir el calor de ese día de verano en el que al caer la tarde salíamos a la puerta de la casa a tomar “el fresco”. Tenía 17 años recién cumplidos y vivía con mis padres y mis tres hermanos en una casa baja cerca de la calle Arturo Soria. Yo era la mayor de los tres, después de mí estaba mi hermana Goya, mi hermano Paco y por último mi hermano el pequeño al que todos llamábamos y seguimos llamando Sarín. Mi padre era empleado del Ayuntamiento de Madrid y mi madre una gran ama de casa que trataba de administrar el sueldo de mi padre como mejor podía, y, a pesar de no tener mucho, éramos felices. En mi casa existía un clima de tolerancia y libertad. Mi padre siempre nos inculcó la solidaridad y el buen hacer con los demás. Él era militante del PSOE y afiliado a la UGT, cosa que contrastaba mucho con el resto de su familia, al ser todos de derechas, ideas que le provocaron a lo largo de su vida muchos problemas, como que su familia le dejara de hablar. Todavía recuerdo como si fuera ayer, a mi padre escuchando con toda atención la radio de galena y diciendo “¡Hemos ganado, María hemos ganado….!” Y al día siguiente subido en un camión con otros compañeros gritando VIVA LA REPÚBLICA, y recorriendo las calles de Madrid. A partir de este día, día de alegría porque había ganado la República, se abrieron nuevos horizontes para todos, pero sobre todo para los que teníamos y tenían como mi padre sólidas ideas de izquierdas, ideas socialistas. En esta época, mis padres pudieron abrir un pequeño negocio que consistía en una Cacharrería, vivíamos holgadamente y yo pude empezar a tomar clases en una casa de modas muy prestigiosa de la época, cerca de la Plaza Las Cortes y creo que me hubiese convertido en una gran modista, si no hubiese estallado la guerra civil, truncando los sueños y las vidas de muchas personas. Ese día de verano que recordaba hace un rato, el 18 de julio de 1936, fue cuando mi vecina Ramona y yo a la puerta de la casa empezamos a escuchar unos ruidos tremendos, como si fueran truenos, procedentes del Cuartel de la Montaña. Así empezó para mí la Guerra Civil Española. Desde ese momento, mi casa y mi familia ya no fueron la misma. Yo tuve que dejar mis clases de costura en la casa de modas y mis dos hermanos Paco y Sarín fueron evacuados a Valencia por el peligro que había en Madrid, les subieron, directamente desde el colegio, en unos camiones y se los llevaron sin decir nada a mis padres, situación que produjo un gran susto para mi familia cuando nos enteramos. Todavía recuerdo a mi madre angustiada por no saber de sus hijos y pidiéndome, con las lágrimas en los ojos que me hiciese cargo de mi padre y de la casa para poder viajar a Valencia y ver a sus hijos, a mis hermanos. Aquí fue cuando la guerra empezó a hacer sus primeros estragos separando a mi familia. Los días se sucedían unos con otros corriendo al campo para ponernos a salvo de las bombas que tiraban continuamente los aviones del ejército sublevado a la población civil. En casa era peligroso estar, caían cristales y todo lo que hubiera cerca. Las bombas destrozaron el barrio de Tetuán por completo. Uno de esos días en los que salía sin que mi padre lo supiera para buscar algo más que llevarnos a la boca, porque con la cartilla de racionamiento no era suficiente, él volvió a casa antes y al ver que no estaba salió a buscarme. En esta búsqueda tuvo la mala suerte de romperse una pierna, por lo que yo sola, tuve que hacerme cargo de llevarle al médico, curarle y ayudarle porque, como dije anteriormente, su familia dejó de hablarnos, no fueron capaces de ayudarnos y todo, por tener ideas contrarias, por no conculcar con sus ideas, al ser ellos de derechas y nosotros de izquierdas, socialistas, por lo que hasta ese punto llegó el rencor de los unos con los otros. Fueron días muy amargos y de soledad para una chica de 17 de años. Entretanto, mi madre se enteró por una vecina que viajó a Valencia, que mi padre estaba sin poder moverse, por lo que decidió volver a Madrid, enviándome a mí a Valencia para estar con mis hermanos. Este viaje duró dos días, pasando de control en control y de camión en camión. Una vez allí, el Comité me llevó donde estaba mi hermana y luego fuimos a ver a mis otros dos hermanos. La estancia en Valencia, mis hermanos y yo, la recordamos con sabor agridulce. Estuvimos repartidos, cada uno con una familia de acogida, en los pueblos de Sueca y Fortaleny. Aún hoy, guardamos mucho cariño por cómo se portaron con nosotros, pero aún así, era más fuerte el querer estar los cuatro juntos. La familia en la que yo estaba recuerdo que me daba tres pesetas por ayudarles en la casa y en la cocina. Sin embargo, en Madrid, la pena embargaba a mis padres al no poder tener a sus hijos cerca, consiguiendo finalmente, que volviésemos todos de nuevo a casa. La vuelta a Madrid desde Valencia, fue muy difícil. Fueron días de miedo, hambre y frío para mis hermanos y para mí, ya que teníamos que ir escondidos en los camiones tapados con mantas y sorteando como podíamos los controles para no ser vistos. Cuando ya llegamos a Madrid, en el pueblo de Morata de Tajuña hicimos una parada y nos dieron una cesta con comida, recordando todavía esa comida como un tesoro y además feliz porque ya llegaba a mi casa, pero ese tesoro finalmente se quedó por algunos de esos camiones debido al ajetreo de cambios y de gente. Un recuerdo de enorme dolor que arrastro durante toda mi vida, fue ver a mi hermano de 14 años diciéndonos adiós desde un camión para marchar al frente a combatir a los fascistas. La guerra seguía haciendo sus estragos.
En los tres años que duró la contienda, con un Madrid sitiado, la comida escaseaba cada vez más, teniendo que salir a escondidas a los pueblos a cambiar sábanas y cosas preciadas que teníamos en casa por comida. Por fin, finalizó la guerra, pero desgraciadamente el panorama que teníamos delante no era más alentador. Mi padre, por ser socialista, estuvo represaliado en su trabajo, suspendido de sueldo que no de empleo por 6 meses. Fue humillado con comentarios y amenazas como “éste huele a cera”. También el hecho de que mi hermano Paco estuviera en la cárcel por haber perdido la guerra al estar luchando en el bando republicano, provocó en mi padre un gran sufrimiento, sufrimiento que considero fue el que le llevó a la muerte con la edad de 55 años. Como se puede comprobar, el hecho de tener unas ideas contrarias, de tener unas ideas de libertad, de justicia, unas ideas socialistas, nos ha llevado a muchas personas a sufrir innecesariamente hechos realmente crueles, pero es algo que siempre a lo largo de mi vida lo he llevado con orgullo y lo llevaré hasta el final de mis días. Por este motivo, sirva este relato para homenajear a todos los que sufrieron como yo las consecuencias de esta devastadora guerra, pero especialmente, sirva para homenajear la memoria no sólo de mi padre sino también la de mi marido, otro hombre bueno que por sus ideas socialistas sufrió la represión de los fascistas, pero esto daría para otro relato. Si mi padre, hubiera podido conocer a mi nieta, su biznieta, la que ahora me ha empujado a recordar todo lo vivido en esa época, podría haber comprobado que su lucha no ha sido en balde, todo lo contrario, ha servido para dejar un legado que hemos procurado transmitir de padres a hijos hasta el día de hoy.
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