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 Experiencias durante la Dictadura

CONVERSACIONES CON UN SOCIALISTA DE 1967.
Pablo Barco Ballesteros Enviar mensaje

CONVERSACIONES CON UN SOCIALISTA DE 1967.

Alguna vez tenía que suceder. Las largas conversaciones que he mantenido con mi padre, Manuel Barco Solleiro, sobre su participación y la de sus compañeros en la revitalización del movimiento socialista en la Sevilla de los años 60 y 70, tenían que reunirse en un texto, aunque fuese breve. Un día nos pusimos manos a la obra, buscamos información en los libros y en los periódicos y realizamos numerosas entrevistas . El resultado tenía que estar relatado en primera persona.

En mi familia no se hablaba de política, pero algo debió haber en nuestra educación cuando tanto mi hermano Paco Barco como yo mismo terminamos tan involucrados en los movimientos de izquierda que se organizaban en nuestra ciudad. Mis padres siempre nos habían hablado del respeto a los demás, ofreciéndonos unas libertades poco habituales en aquella época. Estas ideas unidas a la energía y a la esperanza que nos ofrece la juventud no eran compatibles con aquella atmósfera gris que caracterizaba a nuestro país. Imagino que fue una mezcla de cosas, seguro que me marcó la expulsión del colegio de los Salesianos el día en que mi padre se quedó sin trabajo, aquello me pareció injusto.

En la Sevilla de los años 60 parte de la juventud comenzaba a pensar que en España hacía falta una transformación que permitiera encarar el futuro con justicia y libertad. Al calor de la iglesia, casi siempre, surgieron multitud de clubes juveniles que posibilitaron un campo impresionante para esparcir nuevas ideas. En Triana se creó el club juvenil Juan XXIII, donde ingresamos José María Romero Calero, José María García Ortiz, quien moriría de cáncer muy joven a principio de los años 70, y yo, iniciando una gran amistad que desde sus inicios estuvo marcada por el interés por la política.

Aquel club contó con una pequeña revista, un equipo de baloncesto, un grupo de teatro que interpretó obras de autores como Antonio Machado o Miguel Hernández, además de organizar conferencias y encuentros de carácter progresista. Estas actividades nos permitieron crear un reducido grupo, “los 10 de Triana”, integrado por jóvenes interesados en participar de manera directa en acciones y organizaciones políticas como fueron Amador López, Juan Luís Rojas, Rafael Agudo, Manuel Peñalosa (Andrés), las hermanas Pilar y Carmen Gordon, Marina, Adolfo Gutiérrez de Aguera, Charo Montenegro, Alfonso Amo, Manolo Mati, Chari Mula o Manuel Bonmatti.

Nuestro bautismo de lucha fue el 1º de Mayo de 1967, en una concentración en el Palacio Arzobispal, a la que acudimos Pepe Romero y yo. Aquel acto fue el inicio de una manifestación que llegó hasta el Duque y que terminó con saltos continuos en todo el centro de Sevilla. Poco después asistimos a la Asamblea de Constitución de las Comisiones Obreras Juveniles sevillanas donde la presencia del grupo de Triana fue corta, apenas un par de meses, pero importante pues fue donde conocimos a un grupo de jóvenes a los que los comunistas llamaban “cristianos”, con los que sentimos mayor cercanía en las formas y que resultaron ser las Juventudes Socialistas.

A final del verano del 67 nos salimos de las Comisiones Juveniles tanto los socialistas como los del grupo de Triana, surgiendo a partir de esta división los “Comités de Barrio”, como alternativa a los grupos de las CC. JJ. La primera reunión de las Juventudes Socialistas a las que acudimos Pepe Romero y yo fue en la Iglesia de Santiago de Alcalá y contó con menos de veinte asistentes, entre los que se encontraban Curro Rodríguez, Alfonso Sevillano, Javier Romero, Manolo Espina, Miguel Ángel del Pino, Damián Roldan o Pepe Navarro.
Durante el año 67 y el 68 las Juventudes Socialistas realizamos una importante labor de proselitismo y formación, utilizando nuestra pertenencia a la Unión de Clubes Juveniles de Sevilla para captar nuevos miembros, a la vez que comenzamos a tener representación en diversas zonas de la ciudad a través de los Comités de Barrio, en los que también participaron representantes de Acción Comunista, Bandera Roja o el Partido Comunista Internacional.

Los Comités de Barrio fueron organizaciones no formales que se reunían y actuaban para denunciar y conocer los problemas del barrio, hacer pintadas de protesta, imprimir y repartir panfletos, o apoyar y acudir a las numerosas huelgas estudiantiles y laborales de la época, caso de la huelga de Fasa-Renault en el verano de 1968 en la que me detuvieron por primera vez, y de la huelga de Hytasa liderada por compañeros como Damián Roldán a finales del mismo año. En Triana además dimos clases a estudiantes sin recursos en un centro que abrimos en la calle Rodrigo de Triana y realizamos un estudio socio económico del barrio, visitando más de 200 viviendas para conocer cómo vivían, las carencias de éstas y sus necesidades

Aquellos comités se extendieron rápidamente por Sevilla capital por barrios como Macarena, Bellavista, Ciudad Jardín-Pajaritos, San Jerónimo, etc. así como por pueblos cercanos como Alcalá o Dos Hermanas. A través de la dinámica de estos grupos se expandió el movimiento socialista por nuestra ciudad, surgiendo en su seno hombres y mujeres que más tarde asumirían responsabilidades tanto en la U.G.T. como en el P.S.O.E. tales como Ramón Rueda, Manolo Guardia, Fernando Lappi, Enrique Canto, Manolo Bravo, los hermanos Luis, Mari y Fernando Tejeiro, Mari y Carmela de Los Pajaritos, Pepe Martín (David), los hermanos Manuel, Victoria y Carmen Martínez Ocón; Carmen, la Rubia y Carmela (las aceituneras), Ramón Uribe, Alberto Marina, Antonio Pérez, las hermanas Pilar e Inma Rodríguez, Félix Montero, Juan el Tapicero, José Álvarez (Josele), Teresa Rodríguez Mora, etc.

Las Juventudes Socialistas, poco a poco, fueron tomando fuerza. Para 1969 ya contábamos con un buen número de afiliados que cada vez nos otorgaba más fuerza dentro de la organización socialista, lo que tuvo cierta importancia al apoyar mediante un comunicado interno al “ala joven” del Partido que lideraban en aquella época Felipe González, Alfonso Guerra , Luis Yañes y Guillermo Galeote. Cuando en enero del 69 el gobierno decretó el Estado de excepción en toda España ante la oleada de conflictos generalizados por todo el territorio, las Juventudes Socialistas de Sevilla difundimos un panfleto contra la dictadura, que le fue incautado en la frontera al joven socialista sueco Ake Wedin tras reunirse con miembros de nuestra organización. Aquella información en manos de la policía significó una importante caída de las Juventudes Socialistas en Sevilla tras la detención de Francisco Rodríguez, quien estuvo detenido más de dos semanas, siendo torturado y perdiendo 19 kilos de peso. María Rosa Gamero, José Luis Guillén Vázquez y José María Romero Calero fueron detenidos y encausado al mismo tiempo, finalmente nos detuvieron a Alfonso Sevillano y a mi, por haber participado en la logística que se utilizó para elaborar el panfleto. Por suerte conté con tiempo suficiente para eliminar todas las pruebas, gracias en gran parte a la ayuda que me ofreció José María García Ortiz. Cuando salí de la comisaría me advirtieron: “ten cuidado, esta es la segunda vez que te detenemos”.

Las Juventudes Socialistas, tras sufrir aquella caída de la que no conseguimos recuperarnos hasta el verano de aquel mismo año, continuamos aumentando nuestra presencia en las calles. En 1970 se produjeron numerosos conflictos laborales, destacando la huelga de la Siderúrgica Sevillana por significar un importante revulsivo para la U.G.T. y el despacho de Capitán Vigueras. En la Feria de Abril de aquel año lanzamos desde una de las torres de la Plaza de España 4.000 octavillas firmadas por la U.G.T. en apoyo a dicha huelga que anteriormente habíamos estampado a mano Juan Luis Rojas y yo con una imprenta de juguete.

En Mayo de 1970, me detuvieron por tercera vez. En esta ocasión me acusaron falsamente de pertenecer a las Juventudes Comunistas, un grupo con el que había conectado a través de los Comités de Barrio pero al que nunca pertenecí. A través de una visita a la comisaría de mi hermano el partido me pidió que aguantara 24 horas los interrogatorios, el tiempo necesario para evitar que cayera la maquinaria. Nunca olvidaré a uno de los policías, un torturador con ojos saltones y de pelo rubio que me dijo con voz sarcástica: “le he prometido a tu hermano que no iba a pegarte pero me voy a hartar”; no fue el único que me torturó a lo largo de aquellos tres largos días en los que conseguí cerrar el círculo. La última noche de aquella detención un policía borracho bajó a mi celda gritando que iba a matarme por “rojo”. El joven guarda que estaba vigilando las celdas le frenó, se negó a abrir la puerta que nos separaba y consiguió convencerle para que se marchara, acompañándolo escaleras arriba. Cuando regresó me pidió perdón por lo que había pasado de manera verdaderamente sincera, algo que tampoco olvidaré. Después vinieron tres meses de prisión provisional.

A finales de 1970 acudí a Madrid para la celebración del juicio. Mi defensa se organizó desde Capitán Vigueras, actuando como abogado Manuel del Valle quien plantearía una defensa de carácter político. En diciembre de aquel año, en el contexto del proceso de Burgos, las JJ. SS. me encargaron el suministro del papel necesario para la impresión de diversos folletos, tarea en la que colaboró mi hermano Paco Barco quien en aquella época tenía la Librería del Seminario. En total compramos 150.000 unidades que posteriormente se dividieron en formatos de menor tamaño, caso de las 20.000 volantinas firmadas por la U.G.T. que lanzamos en el cine Florida en contra del estado de excepción.

En 1971 continuamos organizándonos tanto en las empresas, donde comenzábamos a ir tomando fuerza, como en los barrios, abriendo una librería junto a Pepe Romero en la llamada Plaza Roja de Bellavista. En septiembre de aquel año trabajé como responsable de barra en una caseta que nos habían “cedido” en la Feria de ese mismo barrio. Una mañana en la que volví a mi casa para ducharme y descansar un poco la brigada político social volvió a llamar a mi puerta. Mi madre les dijo que sin una orden de registro no podían entrar. Mientras fueron a buscar la orden organizamos mi huída. Mi padre aparcó su furgoneta en la puerta de manera que los policías que habían quedado de vigilancia en frente del portal no pusiesen verme salir. Salté dentro del coche y escapamos. El Partido me envió primero a Málaga para después ofrecerme Madrid como nuevo destino.

Cuando llegué a Madrid me integré en las organizaciones socialistas locales formando parte de las ejecutivas provinciales del P.S.O.E. y de la U.G.T., sindicato al que representé en el Comité de la primera convocatoria de Huelga General de la Construcción que se celebraba en Madrid. En mayo de 1972 la justicia me declaró en busca y captura, lo que llevó al Partido a ofrecerme dos opciones, exiliarme a Francia o entregarme en Madrid para cumplir condena durante tres meses, lo que sucedió entre el 4 de mayo y el 19 de agosto de aquel año. Cuando me detuvieron por cuarta vez, ya en Sevilla el 16 de Diciembre de 1973, las cosas habían comenzado a cambiar. Beltrán, un conocido jefe de la brigada política social sevillana al que muchos detestaban, comenzó a conversar conmigo hablando de cómo cambiaban los tiempos, “al fin y al cabo no somos como la PIDE portuguesa” me dijo, cuatro días después Carrero Blanco moría de un atentado en Madrid, abriendo la puerta la llegada de nuevos tiempos hacia la libertad.

 


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