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 Experiencias durante la Guerra Civil Española

La perspectiva de la narracion.
Antonio Guerrero Ruiz Enviar mensaje

La perspectiva de la narración

28-12-2008

< Yo vivo sobre el mar, /
erigiéndome dueño de la roca, /
en su carne pasan los días de espuma, /
vientos suaves, olas... / >

Juan Goytisolo “Campos de Nijar”.


..en su carne pasan los días de espuma y la calima se desvanece. Nada - imagina Alberto –, no hay nada, tan solo un tenue quejido de su voz entre las sábanas. Ni una palabra, sólo silencio oculto en la placidez. La mano se mueve sola poco a poco hasta la almohada. A veces abre los ojos pero vuelve a cerrarlos rápidamente. Entonces la luz penetra por la ventana, dibuja la habitación de blanco y negro. Los tonos grises marcan los sonidos penetrantes de la calle que parecen un tumulto de niños de posguerra. Parece tener el cuerpo desnudo – fantasea Alberto recreando la escena -. Todos los suspiros de la noche anterior la han dejado exhausta, rota, perdida en una fina capa de humedad sobre la piel. Espera dormir suavemente y olvidar que Marcos Sant Pere no soporta estar demasiado tiempo con ella.
Alberto Oliveros hace un movimiento repetitivo con la cabeza. Debe volver a concentrarse en la entrevista que le realiza a Sant Pere para la cadena Ser. Sin darse cuenta se escapa de ella, con su imaginación, de forma imperceptible. No puede perder de vista la realidad fantaseando con la mujer de otro y mucho menos con la de Marcos. Afortunadamente Marcos Sant Pere habla todavía sin parar. Alberto respira aliviado. Aún no ha perdido el hilo de su conversación. No obstante, se centra en todo lo que ve. Y mientras la voz de Marcos parpadea por el aire como fuste, descubre que este parece un retrato inacabado: tiene las piernas cruzadas y en posición defensiva. En sus ojos existe una sensación de huida. La pared desde la que se apoya está agrietada. La cal se cae por momentos. Apenas una hoja de un diario deportivo ilustra la pared. En el papel se puede ver la imagen del Atlético de Madrid. Tiene los pantalones llenos de agujeros. En Carabanchel no hay tiempo para coser, los días se pasan intentando sobrevivir a la ristra de rostros que configuran una selva humana. Pueden matarte en cualquier momento y así desaparecer de la memoria la tierra y los años de luz en los que tenía una vida, una mujer, y un negocio casi rentable.
Alberto blande rápidamente el cuaderno de notas en el que aparece el anagrama de la cadena Ser. Pretende anotar todo lo que pueda para realizar un buen trabajo. Además, necesita aclarar ciertos datos lo antes posible, un tipo de información que sólo se obtiene provocando un arranque de sinceridad. El espacio radiofónico que lidera le exige algún tipo de confesión periodística. Por ello y con una mirada indeleble escribe todo lo que dice Marcos: “...en 1940 Sant Pere había conseguido comprar con esfuerzo la posada El Ventorrillo entre El Ejido y Dalias. No solo obtenía beneficio de la amistad de los pescadores de Adra, también había llenado las arcas aceptando defender a escondidas la bandera republicana, escondiendo al mismo tiempo en el sótano propaganda roída de la CNT. Marcos no podía sentir escozor en los tiempos del hambre. Con el tiempo se había vuelto recio. El rostro inexpresivo le dejaba meditabundo todo el día, sobre todo cuando llegaban los defensores de la Falange y solo veía en aquellos ojos satisfechos otra cantidad de dinero. Colocaba los vasos de vino blanco sobre la mesa y los uniformes reían sin parar. La penuria de la posguerra dibujaba aún un salón mínimo de muebles. Algunos, casi con diseño industrial, habían sido adquiridos a bajo costo. Su patrimonio se llenaba últimamente del cobijo ofrecido a los Maquis de la alpujarra – Continua anotando -. Entre ellos José Chanes, de la banda del Mota. Éste paraba cada mes para tomar un plato de sopa y lavarse en caliente. Entonces Marcos se sentía amigo mientras Chanes narraba cómo la banda se disfrazaba de brigadilla de investigación criminal para conseguir sus objetivos. Incluso el Mota tenía un traje de sacerdote para uso habitual. Con todas estas estrategias podían pagar los días y las bebidas. Para evitar problemas con la Guardia Civil alojaba a cualquier bandido en unas habitaciones próximas al sótano. Si así lo requerían podía traerles mujeres de los bancales, algún receptor de radio para escuchar: la noche de la nación y tertulia entre ilustres (Ambos de Radio Nacional de España). Con el tiempo apodaron a El Ventorrillo como posada roja, hecho que no gustó demasiado a Marcos. Cuando venía alguno de la secreta haciendo preguntas pensaba que su mujer tenía la culpa. Era ella quien trataba como hermanos mayores a los Maquis. Solía colaborar con ellos trazando mapas y rutas. Otros días ayudaba a los republicanos. Proponía textos para escribir como propaganda subversiva. Ante ese tipo de camaradería, Marcos la metía en la habitación y le pegaba hasta la extenuación. La dejaba llena de heridas sangrantes. “... mira sólo por el dinero, sólo por el dinero. Un día de estos me vas a buscar una ruina.” - le decía - Pero ella seguía con sus principios a toda costa, favoreciendo una sociedad de resistencia ante la dictadura, proponiendo un futuro agrícola para los hijos de los pastores que vivían en aquella tierra próxima al mar y no sabían cómo mejorar. El 26 de marzo de 1942 Marcos se presentó en el cuartel de la Guardia Civil y dijo tembloroso que Chanes la había matado. Entonces se montó en el carro del fragüero. Le pidió que le llevara desde El Ejido a Almería. Manolo no sospechó nada. Ante sus preguntas Marcos respondía que tenía un familiar enfermo. Por un momento pensó que estaba a salvo. En la estación tuvo tiempo de mandar un telegrama a Argentina, esgrimiendo el siguiente mensaje: Soy Marcos Sant Pere, tu primo. Salgo para allá. Espérame. Stop. Pero cuando estaba a punto de tomar un tren para Barcelona la secreta se echó sobre él para detenerlo. Formaron una escaramuza imposible de saltear. Acorralado, se mostró cabizbajo cuando le colocaban lo grilletes. Al poco tiempo las habladurías dijeron que había sido él el asesino de su mujer; que una multitud de golpes habían acabado con su vida.”
Alberto Oliveros mira el techo lleno de las oquedades y humedades del invierno. Se distancia de la entrevista que le está realizando. Con su imaginación se pierde por completo. Marcos sigue hablando dando atisbos de arrepentimiento, pero ya no lo escucha. Ha quedado bastante afectado por todo ese tumulto. Lo odia – cree -. No obstante se pierde entre los jirones de cal que cuelgan de las esquinas de la celda. Entonces imagina, a la mujer de éste, medio dormida en un estado de apnea profunda. En su imaginación ve cómo ésta abre los ojos para ver la fina luz del amanecer. Las heridas de su cuerpo han traspasado las sabanas blancas. A esa hora del alba su cuerpo está desnudo y casi destapado. Entonces su mano de porcelana se mueve con lentitud hasta llegar a la almohada. Quiere abrazar algún atisbo de calor que le permita seguir creyendo que es un ser humano. Se aferra a ese trozo de tela y pluma como animal de granja destetado. Por su carne pasan los días de espuma y la calima se desvanece – recrea Alberto Oliveros -. Ya no le queda nada de sí misma, apenas un leve tumulto entre silencios. Nada de nada y sigue en ese estado de inopia solitaria. Deja que el amanecer penetre y cubra de blanco y negro la habitación. Observa con detenimiento ese instante que es el último.

Días más tarde Alberto comienza a redactar el texto definitivo para su programa radiofónico. Ha podido olvidar el rostro alargado de Sant Pere. No quiere recordar ninguna imagen más de aquella celda. Por eso casi ni se despidió de él al marcharse. Se levantó sin más y pidió a los guardias que le dejaran salir. Necesitaba respirar el aire limpio de la calle y escuchar el ruido de los pájaros.
Escribe poco a poco el texto definitivo que presentará en el programa “Ustedes son formidables” (de la cadena Ser). Aquella había sido una entrevista promovida por el diario “Pueblo-1960” para rescatar figuras ilustres de la posguerra. Esa narración se iba a publicar también en una colección textos periodísticos de la editorial “Cenit”. Antes de continuar con el pasaje, lo lee para ver lo que había escrito. De todas formas no iba a hacer muchas modificaciones. Tenía claro que trataría de beneficiarla de alguna manera, aunque tuviera que mentir. Lee: "... y de nuevo Alberto Oliveros hablando de la dignidad de una mujer en ustedes son formidables. Hace veinte años murió probablemente la mujer más fértil de la literatura y de la política de la posguerra. La consideramos formidable porque lideró todas las causas justas, y porque defendió todas las ideas nobles. Dio cobijo al perseguido y apoyo moral al enfermo. Nunca dudó de empuñar un arma si lo consideraba necesario y si con ello hacía frente a su enemigo Marcos Sant Pere, un fascista militante considerado ex-fusilero del Caudillo. En sus numerosas visitas a París, esta mujer llamada María Alférez, que siempre se mantuvo soltera, dio conferencias en las universidades defendiendo el derecho a la educación de las personas sin recursos. Allí conoció a Simone de Beavoir. La historia la considera como una intelectual, una persona ilustre que provocó un cambio social en su época. Entre sus textos destacamos éste. Oigan con detenimiento la exquisitez de sus palabas: <... quedaron los muertos allí mismo, entre cazuelas metálicas y zapatos roídos, entre fragmentos de bala y esbozos místicos. – Silencio, mucho silencio -, los rostros aparecieron extruidos, rodeados de patatas podridas y calendarios de propaganda. Las manos colocadas en diferentes cuerpos mostraban un amasijo de contradicciones. Nada parecía ocupar su lugar natural. El odio y la venganza habían hecho mucho daño a los agresores, también a las víctimas. Habíamos perdido la República y la Posguerra sonaba a argumento oscuro de una novela>. ”

Escondida de su marido (Oculta Oliveros) escribía panfletos en 1940. Se reservaba porque tenía miedo a sus castigos. Y aunque sus camaradas de resistencia le insistían para que huyera, ella pretendía cumplir con unos a causa de sus ideas y con Marcos a consecuencia de su matrimonio. Probablemente era débil de carácter y esa temeridad la retenía. Chanes le dijo una vez que se engañaba a sí misma y ella con lágrimas en los ojos dijo que sí. No obstante continuó su vida desde aquel punto. Las mujeres de su generación aún no sabían que llegarían tan lejos como los hombres.
En la clandestinidad de sus actos, y junto a sus amigos, narraba aquellos panfletos en contra de la dictadura. Paraba constantemente porque apenas sabía escribir. Retorcía el lápiz hasta casi partir la punta. (También ocultó Oliveros) Miraba constantemente al techo, se distraía. Trataba de recordar las lecciones que le instigó su profesora Doña Amparito. Había sido una gran influencia en su vida. Todo se lo había enseñado con dulzura. Lamentó siempre no haber podido terminar el colegio a causa del hambre y de la necesidad de sus padres.
Finalmente escribía: “...Lo muerto estan solo y cerca de lo zapato biejo ( Viejo – corregía con entusiasmo – ). emo perdio la republica. Todo parece mentira, como en una novela.”

 


Comentarios
Comentarios del 1 al 3 de 3
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Sábado, 27 de Febrero de 2010
Es un relato que me ha gustado en exceso. Tiene todos los elementos que yo buscaba: la parte real y la ficcionada. Capta perfectamente la problemática de la época histórica. También es un relato feminista que defiende la dignidad de una mujer.
mercedes sabio ortega
 
Sábado, 27 de Febrero de 2010
Gracias Mercedes. La verdad si he tratado de dignificar la figura de la mujer en la guerra civil. Su papel entonces no estuvo lo suficientemente reconocido. Muchas gracias.
Antonio Guerrero Ruiz
 
Sábado, 27 de Febrero de 2010
No hay de que. Estoy conectada ahora mismo. Un saludo y animo.
mercedes sabio ortega
 

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