Julio Durán Pérez. Socialista placentino. Alcalde ilustre. Mártir del socialismo.
Es el referente principal del obrerismo placentino. Hombre de ideas largocaballeristas, siempre al servicio de la lucha por el obrero, por su dignificación laboral y económica, pero con procedimientos siempre legales, nunca violentos, en clara contradicción con los elementos anarquistas, a pesar de que le acusaron de colocar una bomba en San Martín, más bien un petardo, y que colocaron a su paso para echarle las culpas de ello.
Julio Durán era un hombre tolerante, luchador enconado por sus principios, enemigo de la miseria, no concebía que nadie pudiera padecerla, que tuviera hambre. Él la había sufrido y ello le solidarizó con los desventurados. Era su obsesión:
El fantasma del hambre tiende su manto sobre la faz de la tierra. Miles y miles de seres están condenados a la más espantosa miseria.
Y ello le inspira sus ideas revolucionarias como medio de vencer la inercia de la troglodita clase dominante y acabar así con la indigencia:
Álzate si, repiten los hijos de la España joven, pero con ímpetus de fiera para extirpar a toda la canalla que arrebata nuestro copioso sudor y con él el pan de nuestros rapazuelos (…) Es preciso, como cantó el poeta Seisdedos en el aniversario de la muerte del inolvidable Pablo Iglesias:
Es preciso que alces tu cabeza,
Que exijas a la Infamia tus derechos,
Que alcances libertad para tu alma,
Que pidas nutrición para tu cuerpo,
Que arrojes tus harapos de mendigo,
Que limpies de tinieblas tu cerebro,
Que seas lo que eres, ¡todo un hombre!
Y dejes de vivir como los perros…
Demostró siempre su predilección por los desamparados, a los que incitaba a que se unieran a él para luchar contra su pobre destino, a la revolución del proletariado, imitando a aquel Apóstol cuya vida cargada de heroísmo:
Y de tanta virtud interminable,
Demostró grande amor al obrerismo,
Sin odiar al traidor ni al miserable.
Por sus obras tan Santa y Redentora,
Los poetas ensalzan su memoria.
Yo, aspirante, no puedo en esta hora
Glosar nada en alabanza de su gloria.
Pero puedo, con amor y fiel ternura,
Paso a paso seguir su itinerario
Y con obras formarte una tonsura
En que cieguen los ojos del contrario.
Imitemos a ese Santo conocido,
Los demás deben sernos despreciables
Que su nombre y la vida que ha vivido
Sea el espejo de su imagen venerable.
Incitador, seductor de sus doctrinas, conminaba a los obreros a la lucha para lograr la emancipación, porque en una palabra:
Para abolir la traición
El robo y el egoísmo,
Buscad la emancipación
Dentro de vuestro obrerismo
.
No tenía estudios, su cultura la adquirió autodidácticamente.
Era sin duda un líder carismático. Su hermano Isidoro nos habla de él como “su dios” ideológico, su padre, no sólo espiritual, sino en toda la extensión de la palabra, pues se quedaron huérfanos muy temprano y él asumió las labores paternas. Era una expresión de su inmenso amor familiar.
Recurre a Seisdedos para henchir de entusiasmo por la lucha emancipadora, cuando dice:
¡Ven, que en la lucha fiera y enconada
Que el egoísmo sin cesar provoca,
Nos prestará rigor en la jornada
El rayo alentador de tu mirada
Y el grito de entusiasmo de tu boca!
Es un socialista persuadido de sus doctrinas igualitarias, emancipadoras:
Entre sinfines de doctrinas viejas
Que se acumulan hechos de heroísmo
Como potente faro se destaca
Nuestro santo Ideal el socialismo.
Y cuya poesía enaltecedora, que consta de otras quince estrofas, culmina con un llamamiento a los trabajadores a la lucha por su liberación:
Trabajadores, levantad la frente
Y meditad por un momento sólo.
Si el gandul sólo de cieno es fuente,
Arrojadlo sin piedad al lodo.
De la misma manera que pedía colaboración en la lucha y exigía entrega a todos sus camaradas, les defendía a capa y espada, de cualquier atropello que sufrieran. Así tenemos el escrito “Un Derrumbamiento” donde sale en defensa del camarada Santamarina que fue atacado en El “Regional”, en donde aparece un suelto en el que con frases abominables se vituperaba, no solamente la oratoria, sino hasta el pensar de dicho camarada. ¡Qué osadía la de “El Regional”! ¿Acaso ignora el autor del citado “suelto” que el camarada Santamarina no representa ninguna hueste negra…,¿ en que se funda para decir que el mencionado camarada “habla muy mal y piensa peor”?, ¿es que no escuchó que el comienzo de su discurso advirtió al público que él era un obrero como nosotros, y como consecuencia que no esperasen de él una conferencia florecida?
Desde la Prisión Provincial de Cáceres, en diciembre de 1.934, pretende escribir un “librito” donde nos da las claves de su vida, aunque nunca nos habla de sus “pleitos”:
Ligero bosquejo de mi vida.
Infancia desgraciadamente azarosa y un tanto triste y huérfana.
A los seis años de edad partí con mi santa madre y mi hermano Félix con rumbo a El Ferrol (Coruña) donde se encontraba mi padre, (q.e.p.d.). Allí, en El Ferrol, estuvimos 6 años, durante los cuales recorrimos La Coruña, Mugados, Mariños y El Ferrol.
A los seis años escasos de vida en Galicia, regresamos a Plasencia con nuestros padres y otra hermanita gallega que murió al poco de regresar.
Unos dos años después falleció el autor de mis días, quedando yo de unos 13 o catorce años al cargo de la casa que a la sazón éramos tres hermanos y nuestra pobre madre.
Comencé a trabajar con los albañiles y así continué hasta el año 1923 que en el mes de mayo firmé voluntario para África donde estuve 3 años y algunos días de propina. Cuando empecé a trabajar con los albañiles ganaba 3 reales por día y trabajábamos desde las 6 de la mañana (en verano) hasta las 12 - a las 8 parábamos media hora para almorzar- y desde las 3 de la tarde hasta las 8 y 8 y ½ de la noche, parando a las 5 otra media hora para merendar. Total trabajábamos entonces unas 10 horas largas.
En Melilla estuve 3 años, ascendiendo a cabo a los 14 meses. No quise presentarme a exámenes para Sargento –a pesar de todas las indicaciones de algunos superiores - porque comprendí que cada hombre tenía un sino señalado y yo no creía que me había de adaptar a la vida militar.
Me licencié y trabajé en Plasencia en el oficio de mosaísta, llegando a alcanzar la graduación de 1ª categoría de oficial.
En el año 1.930, en Mayo, marché con destino de Guarda Jurado de la Alameda de Vigo, que previamente había yo solicitado. Allí estuve desde mayo del año 30 hasta Febrero del año 1.931. En esta fecha regresé a Plasencia con mi señora y una niña galleguita.
En Abril del año 1.931 salí concejal del Ayuntamiento de Plasencia, contra mi voluntad elocuente y claramente manifestada. El 11 de Diciembre de 1.931 se me eligió por aquel Ayuntamiento Alcalde del mismo, cuyo cargo desempeñé hasta el 12 de Febrero del año 1.934 en que las circunstancias me reingresaron a mis ocupaciones.
Desde misma prisión escribe una carta a su muy querido y estimado amigo Joaquín Rosado y Álvarez de Sotomayor, Doctor en Farmacia, donde le hace confidencias de los sentimientos que le embargan en la prisión al considerarse injustamente sancionado, al mismo tiempo que ofreciendo esta pena como sacrificio por la causa socialista, haciendo, además, un canto a la soledad, lo que magnifica sus espíritu sensible:
Me ha llenado de tal satisfacción que quiero dedicarte ésta para lo cual no tengo reparo en estampar aquí el suspiro que a manera de título ha brotado de mi alma:
¡Ya lamento estar aquí!
Voy a contestar a tu carta con la esperanza de poder corresponder - ¡pobre ilusión! – al fuego que en la tuya me viertes, si bien me temo no acertar a describir la grandeza que ha despertado en mi mente, tal vez febril, tus líneas de amigo, de compañero, de hermano de esta gran Naturaleza que tantos y tan bellas enseñanzas contiene y nos oculta.
Me dices en la tuya, entre otras cosas, que te alegras haber conocido mis sentimientos e ideas con respecto a la condena a que estoy sujeto, y encuentras en mis modestas líneas la suficiente serenidad y ánimo para cumplirla.
Pues bien, en esta quiero decirte que ya empiezo a sentir estar aquí. Si. No te alarmes. Estoy empezando a sentir la continuidad en esta cárcel.
¿Qué por qué de mi lamento?
Pues te lo diré con la misma sinceridad con que te dije cuando leíste en mi interior.
Estoy lamentando estar aquí, entre otras razones de menos vuelos, porque en esta cárcel no encuentro campo donde extender las alas de mis modestos sentires.
En el estrecho recinto en que nos desenvolvemos, se asfixia mi alma un tanto soñadora, se entume, se adormece. No consigo remontar los vuelos del pensamiento a las doradas regiones de mis profundos sueños.
(…) ¡Ya lamento estar aquí!, repite entristecido por no estar en la lucha obrera y por contemplar tanta miseria.
Y es que desde aquí, desde las sombrías paredes de esta cárcel, desde este triste recinto cargado de dolor continuo, desde esta llaga descarnada de la Humanidad, desde este bullicioso aposento, no puedo saciar el apetito de mi alma excesivamente ilusa tal vez, cargada, quizás, de exceso de romanticismo, o embriagado con el placer de los sueños…, y es que a través de la desnudez de estos dolores de la vida, a través de estos misérrimos panoramas, a través de estos paisajes de dramas al desnudo, he creído ver otro mundo, más grave, más sublime y majestuosos que éste en que discurrimos en esta cárcel.
(…) de gozar de más momentos que cuando he podido contemplar la caída de la tarde recostado sobre estas frías paredes.
Entonces, francamente, me sentía satisfecho contemplando el agonizar tan lento, tan triste, tan quedo, tan sublime que encierra todo morir de la tarde romántica.
Y es que sin haberme dado cuenta, en aquel lento agonizar y envuelto en el triste sudario de la noche, viene embozada la dorada imagen de la soledad.
¡OH, hermosa soledad!
¡Qué torpes ojos míos que nunca descubrieron lo que mi alma adoraba…!
¿Qué extraño es, siendo así, que yo sienta la ilusión de conocer de lleno esa imagen?
¿Qué importan las torturas del cuerpo si con estas van mezcladas las alegrías del alma?
No sólo de pan vive el hombre.
Y yo que no vivo para comer, sino a la inversa, como para vivir, ¿qué puedo esperar de este pan del cuerpo que significaría la continuidad en esta cárcel, si con la marcha al presidio llevo a mi alma la satisfacción, el gozo espiritual de aquel que baste al lugar donde se encuentran sus más finos amores?
La soledad de este período de treinta o más días de celda, me tiene intrigado.
Tengo el convencimiento íntimo de que he de llevarlos con la misma serenidad como si los pasara entre todos los demás reclusos. Más, tengo la confianza, la esperanza de vivir esos momentos confundido con la soledad misma… gozando de la majestuosidad de sus perfumes voluptuosos…
(…) De las soledades del desierto y las tristezas del calabozo, salieron los más sublimes mensajes para la Humanidad.
Los pensamientos más bellos y elevados también brotaron de las entrañas de la soledad. Es la soledad, dilatado campo desde donde otros hombres alcanzaron los más divinos mensajes que se perpetúan ante la historia de la Humanidad.
Su prisión la interpreta como un sacrificio en aras de sus ideales, nunca un lamento por la injusta privación de su libertad, que se debió, sin duda, igual que otros muchos, al afán represor del Gobierno “cedista” a causa del “movimiento revolucionario” de Octubre en Asturias.
Antes ya había sufrido otro injusto juicio, esta vez en Plasencia y por el que se le incapacitó para ser concejal por no llevar 4 años empadronado antes de ser elegido como tal, que lo fue el 17 de abril de 1931, lo que indica que se dieron cuenta de tal circunstancia 3 años y 8 meses después, en cuyo período incluso fue alcalde, precisamente hasta esa fecha en que los “cedistas” se hacen con el poder.
Para su defensa presenta su empadronamiento en Plasencia en el año 1930 con un paréntesis de 7 meses, desde el 20 de mayo de ese año al 28 febrero de 1931, que estuvo contratado en el Ayuntamiento de Vigo como Guarda Jurado de la Alameda, de donde decidió regresar, por problemas de salud, quizá de su esposa, a Plasencia donde nació y residió siempre, igual que su esposa, Dolores Calle.
Es, como siempre hace la derecha, la base para sancionarle el infundio de las “filtraciones de la Caja de Resistencia de las Asociaciones”, que fue publicado en “El Faro de Extremadura”, un periódico de derechas placentino, que se hace eco de “El Radical”, periódico vigués.
Para defenderse publica un escrito en el periódico “AVANCE” con el título de: “UNA CANALLADA”.
El último número de <El Faro de Extremadura> publica un suelto tomado de <El Radical> que no pensaba contestar desde la prensa; lo hago aquí hoy, sin renunciar a hacerlo como yo estimo que procede.
Todo lo que se dice en ese suelto es una infamia, más propio de hombres ruines y sin conciencia moral alguna, que de personas decentes. Y <El Radical> y <El Faro>, al lanzar esas imputaciones, deben probar, antes de hacerlo, si hay algo de cierto, y si es así tendrán derecho a decirlo a los cuatro vientos, pero los que lanzan esas noticias sólo con el fin de desprestigiar a una persona sin reparar en procedimientos, por viles que sean, a sabiendas de que es mentira, cometen una canallada.
Sepan <El Faro> y todos aquellos que lo ignoren, que mi conducta en Vigo como en todos los sitios es tan pura y diáfana, que ya las quisieran para sí algunos de los agrarios, de los que se puede decir y con verdad que no son honrados.
Yo fui a Vigo con un destino y de mi conducta en aquella ciudad, es buen testimonio el certificado que se me dio cuando voluntariamente dejé el cargo, que obra en mi poder, que él expone en su literalidad, ratificando su buena conducta
¡Filtraciones en las Cajas de resistencia de las Sociedades Obreras! ¡Farsantes! ¡Si ni siquiera pertenecí a ellas! ¡Si en aquel tiempo era tanto como perder el destino el funcionario público que se afiliase a una Sociedad Obrera!
Como hombre público, admito la crítica de mi actuación y no me molesta ser combativo en el cargo que ostento y que el pueblo me confirió, pero en lo tocante a manchar mi reputación de hombre honrado, tan limpia como la del que más, no se lo tolero a nadie, por muchas luces que tenga.
<<El Faro>> ha publicado esa noticia, falsa y canallesca, sin constarle que tan criminal versión fuera cierta, sino que con la vista puesta en manchar mi honradez, la transcribe y la propaga entre los lectores. Pues bien; o rectifica en el número próximo, o por el contrario otro será quien se tome la rectificación como mejor crea oportuno y a su debido tiempo. Conque ya lo sabe el director de <<El Faro>>.
Julio Durán Pérez. Natural y vecino de Plasencia.
Tanta inquina acumulada termina en el asesinato en la finca de El Almendral en el término de la Oliva de Plasencia, al amanecer el 18 de septiembre de 1936, por el procedimiento del triste “paseo”, la muerte por detrás, lo que jurídicamente constituye, leo en una sentencia, la primera y más antigua modalidad de alevosía: el crimen a traición o por la espalda, en el que no existe ninguna posibilidad de defensa, y enterrado en una fosa común con otros cuatro mártires entre los que se encontraba su querido y amado amigo Joaquín Rosado Álvarez de Sotomayor, otro ilustre socialista sacrificado.
Los socialistas, la Humanidad les debe un reconocimiento eterno y nosotros un recuerdo emocionado por su ejemplo de dignidad; y a su esposa, Dolores Calle, Madre Coraje, nuestra gratitud, nuestro reconocimiento a su sacrificio, porque tuvo que sufrir en silencio, con la boca apretada para no gritar su dolor, y porque supo inculcar en sus hijos María Asunción Julio+, Tomás + y Fernando los valores que tanto defendió él.
Y gritemos sobre todo la verdad, vuestra verdad, la única verdad “que os inmolaron en estos montes por amar causas justas”.
Y con Miguel Hernández digamos:
Que mi voz suba a los montes
Y baje a la tierra y truene,
Eso pide mi garganta
Desde ahora y desde siempre.mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre. Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.